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Precio medio por persona de 20,00 € en
la fecha de la cena. |
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COMENTARIOS: |
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Entorno: En la calle Jorge Juan, paralela a Goya,
calle muy visitada por el club ya que en ella se encuentran muchos
restaurantes. Difícil de aparcar.
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Las cañas: Las cobran a 2,25 €.
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Nombre: La Colonial de Goya. Quizás porque el
local fue
una antígua tienda de ultramarinos, que traía productos de las colonias
para abastecer
a la calle Goya.
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Carta
en la web: Si, sin precios y sin fotos de
los platos.
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Carta de
vinos en la web: No. |
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Local: Totalmente revestido de color blanco consigue
crear una atmósfera muy luminosa y desenfadada. Paredes, sillas,
mesas diminutas, bancos con respaldo,...todo en blanco.
La decoración se ha resuelto de una forma muy original a base de recrear
las viejas cocinas de la abuela, con repisas de botellas de vino, aceite....
Recuerda a las alacenas repletas con frascos de conserva y cajas de Colacao.
Se echaba en falta algo también blanco sobre las mesas: el mantel, aunque
hubiera sido de papel y blanco. Público muy joven y mayoritariamente femenino.
La cercanía de las vacaciones se hacía notar en los bronceados
que lucían piernas y escotes. La exhibición de vestidos de fiesta
y de I-pad, la posibilidad de compartir bancos y el optimismo general de la clientela
hacían suponer que el restaurante
era un punto de encuentro, el primer paso de una larga y fructífera etapa
nocturna por los bares de copas cercanos. Como así hubo ocasión
de comprobar.
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Comensales: Se batió el record negativo de asistencia
a la cenas del club: tan sólo dos comensales, Raúl y Ricardo.
Faltaron Justo, Antonio Arnáiz, Antonio de la Poza, Carlos y
Antonio Ávila.
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Pan: Dos bollitos
servidos dentro de una cesta de mimbre. La variedad de elección
se reducía a tomar el pan de tu compañero en lugar
del tuyo. Entre mediocre y aceptable. A 1,00 € por persona.
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Aperitivo: |
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Entrantes a compartir: |
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Olvidando
la finura de los aperitivos que sirvieron en barra con las cañas
y desoyendo las recomendaciones de las chicas que compartían
el banco y que nos sugerían que eligiéramos pinchos calientes
(hasta 65 variedades), nos inclinamos por pedir cuatro raciones para
compartir. Gran error. |
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Langostinos: En
realidad sirvieron una ensalada, en la que la abundancia y surtido
de lechugas contrastaba con la escasez de langostinos. Habría
que cambiar el título del plato por el de ensalada variada al
aroma de gamba. Incalificable, por falta de materia que puntuar. Se
pidió una ración a 6,00 €
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Carpaccio de bacalao:
El plato más logrado. Láminas de bacalao sobre una vinagreta
a la que se había añadido un picadillo de aceitunas negras
que creaba una agradable mezcla de texturas y sabores. Más que
aceptable. Un plato a 6,96 €.
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Chipirones encebollados: Lo
peor de la cena. De tamaño similar a chopitos, gomosos y con
un tufo a pescado podrido. Sólo el afortunado acompañamiento
de una patata gratinada con alioli, permite suavizar el calificativo
de repugnante y dejarlo en asqueroso. De haber tenido un precio más
elevado habría sido necesaria una actitud más reivindicativa
que limitarse a dejar la ración intacta sobre el plato. Una
ración a 8,99 €.
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Huevos estrellados: Decepcionantes.
Se trataba de un simulacro de huevos revueltos, con patatas a la panadera
acartonadas y resecas, fritas cuando menos el día anterior.
El jamón se sustituía por un picadillo de carne cruda
y salada. Pésimos. Una ración a 7,50 €.
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Helado de canela y limón: Lamentable.
Prefabricado y sin gracia. El aroma a canela obtenido a base que química.
Consiguieron lo imposible: un helado industrial con sabor desagradable.
Una bola a 3,90 €.
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Tiramisú: Sirvieron
más bien un suflé de café excesivamente untuoso,
acompañado de una nata apelmazada, densa e incomible. Muy flojo.
Uno a 5,00 €.
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Cafés
e infusiones: |
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La política comercial de la casa de conseguir precios reducidos
a base de rotaciones rápidas en las mesas y de evitar sobremesas
se acentúa los viernes y sábados, días en los que
no se sirven cafés.
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Vinos: |
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Ramón
Bilbao Selección crianza 2007: Vino tinto con denominación
de origen Rioja, elaborado en las bodegas Ramón Bilbao (www.bodegasramonbilbao.es).
Variedad de uva Tempranillo 100%. Tomamos una botella de una excelente
relación
calidad/precio (18 €). Dado los importes moderados del menú,
supuso un tercio de la cuenta. Servido a temperatura ideal y presentado
en mesa con todo el protocolo. Lo mejor de la cena.
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Copas: Dado
el bajo nivel de la comida por la que había que pagar, costaba
imaginar la calidad de los alcoholes que ofrecían gratis. Aunque
invitaron a chupitos a las chicas que compartían nuestro banco,
no nos los ofrecieron a nosotros. Detalle que nuestros estómagos
agradecieron sinceramente.
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Servicio: Muy acelerado al principio, habituados a
una clientela poco exigente y forzados por la política de rápida
rotación de las mesas. Preguntaron si queríamos continuar
con las cañas o “tomar una copa de vino”.
Como pedimos una botella de vino y que nos cambiaran los platos individuales
con cada ración, parece que entendieron que no teníamos ninguna
urgencia por cenar ni era necesario que nos sirvieran todos los platos a la vez.
Porque se enfriarían y porque no había espacio sobre una mesa tan
pequeña.
Cuando retiraron los chipirones prácticamente sin probar preguntaron,
intrigados y sorprendidos, cual era la razón de que no nos hubieran gustado.
En general bastante correcto y muy ceremonioso a la hora de presentar el vino.
Sólo se despistaron al final, cuando costó que trajeran la cuenta.
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Descuentos: No
hubo descuentos.
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Porcentajes: Del
total del precio en factura de la cena, sin incluir las cañas
ni las copas, el 63,4% corresponde a la comida y el 36,6% a la bebida.
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La carta y la factura: El I.V.A no se incluye en los
precios de la carta ni de la factura.
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Comentario final: Es un local muy alejado del concepto
clásico de casa de comidas. Es más bien un restaurante
de cocina rápida, nunca mejor dicho, en el que la clientela deja
de lado el interés gastronómico y se decanta por un lugar
de picoteo, donde lucirse, ver y ser vistos.
La conjunción de elementos positivos la abrumadora y festiva presencia
femenina, el vino, el precio y la decoración, permite calificar la cena
como realmente buena. En cambio, la comida, lo que te sirvieron en el plato,
fue francamente mala.
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| Ricardo Alonso. |
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